miércoles, 2 de diciembre de 2015

Casi puedo oler el salitre

Dos semanas.

Catorce días.

336 horas.

Para volar a casa.

Volver a mi hábitat natural, junto al mar.

Ver otra vez a mi familia.

Abrazar a mi madre, a mi hermano, a mis tíos, a mis tías, a mis primos, a mis primas, a mi abuelo, a mis abuelas. A ver si aguanto las lágrimas.

Ver a mis amigos, mi otra familia.

Respirar el aire de mis santuarios: mi habitación, mis bares habituales, los rincones junto al mar en los que me escondo para respirar y no pensar, al menos por un rato.

Ser capaz de entender las conversaciones de la calle (maldito neerlandés).

Lo que no me llena de alegría pero siento que debo hacer en cuanto vuelva: visitar la tumba de mi padre. Llevar flores. Azules y blancas, ahí no hay discusión.

Dos semanas en las que debo trabajar como si me fuera en ello.

Puedo hacerlo. Puedo hacerlo. Puedo hacerlo.

jueves, 1 de octubre de 2015

30 días después

Ya ha pasado un mes, con sus 30 días (septiembre).

30 días cada uno con sus 24 horas.

Un mes más solo de lo que me he sentido jamás. Y viniendo de mí, eso es decir bastante, quizá incluso mucho.

Y pensar que es raro sentirse solo cuando se está rodeado de gente. Gente a la que reconoces por la calle, pero no conoces de verdad. Y viceversa.

Cada día que pasa echándolos de menos. Mi gente, mi tierra. Mi hogar.

Algo menos de 80 días que se me van a hacer largos.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Berriro hasten

Urteak dira ez nuela horrelakorik nire barruan. Lehen aldiz duela aspaldi, idazteko inspirazioa sentitzen dut berriro. Istorio eta ipuin laburrak, ia iñorri kontatuko ez nizkiokeen hausnarketak.

Tamalez, hau ez dator dohainik. Inspirazioa gutxitan etortzen da poz eta zoriontasunetik. Bakardadea, herrimina. Tristura.

Ezin diot nire arimari kontra egin, ordea. Idatziko dut, orrialde ugari bete, eta zuzenketa ugariren ostean gutxi batzuek bakarrik ikusiko dute argia. Hemen, eta ez beste inon.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Lejos del hogar

(Me seco las lágrimas mientras escribo)

Mi primera mañana como estudiante de Erasmus totalmente solo en Leuven, Bélgica. Después de una semana durmiendo en un hotel con mi madre mientras me ayudaba a buscar alojamiento para el primer semestre, ella cogió un vuelo de vuelta a casa esta misma madrugada.

Es mi primera mañana, y ya se me está haciendo cuesta arriba.

Este no ha sido el mejor año que he podido elegir para irme de Erasmus. Pero cuando hice la solicitud en diciembre del año pasado, no tenía ni la más remotaidea de que cómo se iba a torcer 2015. No bastaba con estar cerca de enamorarme sin ser correspondido, no, la Semana Santa tenía que darme la noticia que ningún hijo quiere recibir: la muerte de su padre.

Desde entonces, nada ha sido igual. Ver los partidos de la Real sin mi padre, ser solo dos para cenar en casa, tres desde que mi hermano volvió de Erasmus, y ahora que me he ido yo, son dos otra vez.

Me parte el alma no estar en casa ahora, y cada vez que me acuerdo de mi familia, lo cual es preocupantemente a menudo, los ojos se me llenan de lágrimas.

Desde que estaba en el instituto, y habiendo pasado lo que pasé, he llegado a pensar que he desarrollado una cierta fortaleza o resistencia mental. Visto que estos primeros tres meses van a ser difíciles, es hora de ver si tenía yo razón, o me desmorono.

Al final he tenido que irme a mas de mil kilómetros de casa para darme cuenta de lo que podría echar de menos a mi madre y a mi hermano, y de que no he sido consciente de que llevo echando de menos a mi padre desde abril.

Nero

viernes, 8 de mayo de 2015

30 días después

4 de mayo de 2015.

Ha pasado un mes.

Un mes desde que el mundo diera un vuelco.

Un mes en el que nada es lo mismo, nada se ve igual.

Un mes desde que el primer gran ejemplo a seguir de mi vida se fuera.

El primer humorista que me hizo reir a carcajadas.

Aquel que me enseñó a no doblegarme al frío ni al dolor.

A no ser capaz de soltar un buen libro.

Que un baño en el mar podía ser balsámico, fuera la estación que fuera.

Que mi sandre será siempre txuri-urdin vaya a donde vaya, esté donde esté.

Que la radio todavía mola.

Por todo eso, gracias.

Agur, aita. Te echaré de menos.