miércoles, 2 de diciembre de 2015

Casi puedo oler el salitre

Dos semanas.

Catorce días.

336 horas.

Para volar a casa.

Volver a mi hábitat natural, junto al mar.

Ver otra vez a mi familia.

Abrazar a mi madre, a mi hermano, a mis tíos, a mis tías, a mis primos, a mis primas, a mi abuelo, a mis abuelas. A ver si aguanto las lágrimas.

Ver a mis amigos, mi otra familia.

Respirar el aire de mis santuarios: mi habitación, mis bares habituales, los rincones junto al mar en los que me escondo para respirar y no pensar, al menos por un rato.

Ser capaz de entender las conversaciones de la calle (maldito neerlandés).

Lo que no me llena de alegría pero siento que debo hacer en cuanto vuelva: visitar la tumba de mi padre. Llevar flores. Azules y blancas, ahí no hay discusión.

Dos semanas en las que debo trabajar como si me fuera en ello.

Puedo hacerlo. Puedo hacerlo. Puedo hacerlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario