En cuanto pongo un pie en la calle, vuelvo a sentirme en mi elemento.
Puedo notar cómo se mueven las corrientes, como si se tratara de un pez orientándose en el fondo marino.
En cuanto deciden a dónde ir, mis pies toman el mando y dejo de pensar. Ellos, por su cuenta, toman la ruta más corta.
Y así logro deslizarme entre un mar de rostros, cuerpos, brazos y piernas que veré y olvidaré según los voy dejando atrás, obstáculos móviles que voy dejando atrás sin reducir a velocidad un solo ápice, como si vanzara por una calle vacía, sereno, estoico e impasible.
Pero, por encima de todo, la sensación de estar en paz conmigo mismo y con el mundo, en equilibrio.
Inigualable.
lunes, 25 de junio de 2012
Porque soy como soy
No soy un tipo atlético. A simple vista, no llamo la atención. No destaco por guapo, inteligente o mínimamente interesante, no de golpe.
Lo poco que pueda tener de extraordinario no se ve con los ojos. Aquello que puede hacerme sentir orgulloso de mí mismo está sobre mi cuello y bajo mi piel, cubierto de hueso.
Todo lo que hago, siento, pienso, digo y dejo de hacer, sentir, pensar y decir. Todo eso sale de mi cabeza.
Para verme, no basta con mirar, hay que observar, como con muchísima gente. Así se ven atributos que admirar o defectos que despreciar o ayudar a superar, o viceversa. Todo lo que se pasa por alto sin darse cuenta.
Con todo lo que he visto, vivido, sufrido y disfrutado, he aprendido, madurado y cambiado, me he convertido en lo que soy hoy.
Y, a pesar de todo, sabiendo todo lo que sé, con cada experiencia, no cambiaría ABSOLUTAMENTE nada, ni mis virtudes, ni mis rarezas, porque son lo que me hace único en este inmenso mundo.
Es el camino que he elegido y lo seguiré hasta que me llegue al final, porque no lo querría de otra manera.
Lo poco que pueda tener de extraordinario no se ve con los ojos. Aquello que puede hacerme sentir orgulloso de mí mismo está sobre mi cuello y bajo mi piel, cubierto de hueso.
Todo lo que hago, siento, pienso, digo y dejo de hacer, sentir, pensar y decir. Todo eso sale de mi cabeza.
Para verme, no basta con mirar, hay que observar, como con muchísima gente. Así se ven atributos que admirar o defectos que despreciar o ayudar a superar, o viceversa. Todo lo que se pasa por alto sin darse cuenta.
Con todo lo que he visto, vivido, sufrido y disfrutado, he aprendido, madurado y cambiado, me he convertido en lo que soy hoy.
Y, a pesar de todo, sabiendo todo lo que sé, con cada experiencia, no cambiaría ABSOLUTAMENTE nada, ni mis virtudes, ni mis rarezas, porque son lo que me hace único en este inmenso mundo.
Es el camino que he elegido y lo seguiré hasta que me llegue al final, porque no lo querría de otra manera.
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