Han pasado casi seis años. Seis.
Parece mentira.
Suficiente
para olvidar a alguien en concreto, conocer a otros álguienes. Seguir
adelante. Vivir cosas nuevas, maravillosas, horribles.
En este orden: no, sí. A medias. Sí, sí, sí.
Basta media hora larga y hablar de nada y todo en general: estudios, política, terrorismo, familia.
Sin mirar ni móvil ni a la gente que pasa al lado.
Aunque lo que no ha cambiado es que yo soy el único que le da importancia. Sigo teniendo dieciocho, sigue siendo 2010.
Y todavía, Azul.
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