domingo, 27 de marzo de 2011

Mil muertes, mil y una resurrecciones.

A lo que sea que haya ahí arriba.

Lo has vuelto a hacer.

Me has matado otra vez.

Y tantas veces como me has matado, yo he vuelto.

Pero cada vez que regreso, soy distinto, al fin y al cabo, nadie vuelve como se ha ido.

Hasta ahora, he regresado mejor preparado que cuando partí, algo más listo, menos ingenuo, pero cada vez con menos esperanza.

Esta vez no.

Se acabó la esperanza.

Se terminó la que es la mayor fuerza y a la vez talón de aquiles de la humanidad.

Ya solo queda rabia, y tras ella un vacío.

Un vacío tan hondo y oscuro como la mas profunda de las fosas.

Y el miedo también se ha ido.

Pero algo sigue siendo lo mismo: lo que me mata me hace más fuerte.

Y por eso ya no tienes forma de detenerme.

No puedes romper lo que me he negado a reparar.

No puedes pararme.

No sabes que hacer.

Te estás quedando sin ideas.

Me lanzas la lluvia. Lo soporto.

Me lanzas el frío. Lo resisto.

Me lanzas el dolor. Lo aguanto.

Aunque me derribas, me levanto y te miro a la cara, desafiante, espero tu próximo golpe.

Y mientras tanto, el momento se acerca.

El momento de saldar cuentas.

Pronto estarás atrapado, sin tener hacia dónde huir.

Y entonces, deberás decidir.

Volver a golpear, y prepararte para cuando me levante de nuevo.

O detenerte ahora que puedes, y confiar en salir ileso.

Tú mueves.

No hay comentarios:

Publicar un comentario