viernes, 23 de julio de 2010

Adiestramiento

Y entonces, levantó la vista.

Se había hartado, después de todo.

Y tomó una decisión.

Durante años, se impuso un duro aprendizaje, para aprender a resistir los golpes que el mundo le daba demasiado frecuentemente.

Se entreno para permanecer impasible ante cualquier desgracia; sin lágrimas, ni arranques de ira. En ocasiones alguna risa fingida.

Pero aquello solo fue el comienzo. Había una lección oculta en todo aquello: desarrollar la capacidad de no desmoronarse ante las desgracias, no caer, no rendirse nunca, no dejarse vencer por las durezas de la vida, por muy fuerte que golpeen.

Han pasado mas de cuatro años, y ese niño que se cansó de llorar se convirtió en algo parecido a un hombre que permanece sereno en cualquier situación, sin dejarse llevar por las circunstancias. Perdió mucho por el camino, es cierto, pero considera que la recompensa valía la pena, después de todo.

Aprendió a resistir tanto física como psicológicamente. Por eso, cuando el único camino a su destino es una avenida abierta en mitad de la lluvia, sencillamente piensa: 'bah, solo es agua'.

Y la historia comienza otra vez. Se levanta, pero ya nada es lo mismo. Ya no camina mirando al suelo, ahora mantiene la vista recta, mira al frente, preparado para enfrentarse a lo que se le ponga delante sin alterarse lo más mínimo.

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